Estrés

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Estrés

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El estrés es una respuesta general del organismo ante demandas internas o externas, que en principio resultan amenazantes, provocando la movilización de los recursos fisiológicos y psicológicos necesarios para poder afrontar estas demandas. En principio es una respuesta adaptativa que puede ser beneficiosa para incrementar y mantener el rendimiento y la salud, pero cuando hay un exceso de activación del organismo para dar respuesta a las diferentes situaciones que nos encontramos, es cuando se puede provocar el agotamiento del mismo, al estar funcionando por encima de sus posibilidades, acabando por afectar el rendimiento y la salud de las personas.

Las situaciones potencialmente estresantes pueden ser aquellas que implican la toma de decisiones difíciles, asumir responsabilidades o riesgos, conflictos difíciles de solucionar, aquellas que requieren un esfuerzo físico y/o mental excesivo, tareas monótonas y aburridas y también las que amenazan nuestra seguridad personal o suponen una agresión física o verbal de otra persona.

El estrés no es sólo consecuencia de las demandas a las que tenemos que responder, sino que depende también de nuestras características personales, afectándonos más o menos según cómo sea nuestra personalidad. Así, personas con conductas de competitividad, impaciencia o con sensación de falta de control, con creencias rígidas sobre sí mismos y el funcionamiento del mundo o una elevada autoexigencia o perfeccionismo pueden tener una mayor tendencia a vivir situaciones como estresantes.

A la hora de afrontar el estrés podemos actuar sobre la situación, si es posible modificarla y también sobre las características de la persona y su manera de interpretar y valorar las situaciones potencialmente estresantes.

La respuesta de estrés puede implicar ansiedad, miedo, preocupación excesiva, irritabilidad, enfado, rabia, agresividad, disminución de actividad, agotamiento, depresión, culpabilidad, baja autoestima, frustración o sentimientos de inutilidad. También puede estar asociado a alteraciones de la salud como: trastornos cardiovasculares y respiratorios; artritis reumatoide; trastornos endocrinos; trastornos gastrointestinales; dermatológicos; dolor crónico y cefaleas entre otros.

Para poder responder a los desafíos diarios a los que nos enfrentamos, es necesaria la calma física y mental. A través de la técnica de Mindfulness podemos conseguirlo, aprendiendo a aceptar la realidad tal como es, a reconocer nuestras emociones y aprendiendo a regularlas, a escucharnos a nosotros y nuestro cuerpo y actuar según nuestras necesidades, respetándonos como personas y aprendiendo nuevas formas más efectivas de afrontar la vida.
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